El primer día del resto de tu vida como estudiante.
- Ps. Massiel Martínez

- 2 mar 2020
- 3 min de lectura
Desde este lunes, repetiré por 3ra vez el proceso de dejar a uno de mis hijos en su primer día de clases. Esta vez es el turno de Magdalena, mi hija menor. Y si bien ya he vivido este proceso 2 veces antes, no lo hace más fácil, ni tengo la seguridad de que todo saldrá tan bien con las 2 veces anteriores.
No me puedo quejar, el proceso de adaptación escolar tanto para Ruth como para Daniel, se desarrolló sin complicaciones al inicio, (a pesar de que ambos al finalizar el primer semestre presentaron angustia a la separación la última semana, fue una situación que pudimos contener adecuadamente), por lo que fue sencillo y me provocó un gran alivio. Sin embargo, nada me asegura que con Magdalena sea igual de sencillo. Todos los niños son diferentes y asumen este proceso de distintas formas. No estoy asustada, ni preocupada, sé que debo transmitirle a mi hija la seguridad de que está en un lugar en donde las personas que estarán a cargo la cuidarán cuando yo no esté. Y que así como iré a dejarla junto con su hermano a la escuela, también iré por ella y su hermano a buscarlos.
¿Cómo lo hice con los dos mayores?
- Los llevé a recorrer la escuela antes de ingresar a clases de manera formal. Así conocieron los salones de clases, el patio, el baño y a las educadoras, por lo que cuando ingresaron formalmente, el lugar no era completamente desconocido para ellos.
- Conversé con ellos meses antes del inicio del año escolar, anticipando lo que ocurriría, lo que harían, pero por sobretodo, que entendieran que la mamá no se podría quedar con ellos porque es una lugar exclusivo para niños y que los papás nos ponemos quedar un ratito hasta que ellos se sientan sin miedo, que los iría a dejar, los iría a buscar.
- Llegar a buscarlos a la hora. A veces por mi trabajo en la consulta, ocurre que salgo a la misma hora que ellos y como me voy caminando hasta la escuela, me demoro aproximadamente 15 minutos en llegar.... 15 minutos tarde y eternos para ellos y no exagero, recuerden que hablo de niños muy pequeños. Por lo que la primera semana de clases (trato de escribir mientras a mi alrededor hay gritos, risas y juegos de mis hijos y mi pololo) modifiqué mis horarios y llegué antes a buscarlos. Los niños esperan la hora de la salida y a medida que el furgón y los otros cuidadores van a buscar al resto de los niños, se van quedando solitos, por lo que su sensación de angustia e inseguridad al creer que los papás los olvidaron va en aumento. Por lo que la primera semana modifiqué mis horarios y cuando retomé el normal, les expliqué que me iba a demorar un poco más, pero que llegaría a buscarlos.
- Los dejé llevar su juguete favorito. (Uno que fuera práctico y entrara en la mochila). A pesar de que no los tomaron en cuenta al momento de estar en clases, les dije que si sentían que me extrañaban podían tener su juguete con ellos. La familiaridad del objeto disminuye su ansiedad y angustia, quizás no es la solución para todo, pero si puede servir de gran ayuda mientras las educadoras generan contención.
- Controlar nuestras propias emociones. Si bien, no ha sido mi caso, si lo he sentido en otros integrantes de la familia e inclusos en otros apoderados. Sólo aumentan la sensación de angustia en el niño que se encuentra viviendo una experiencia nueva y restamos en lugar de sumar elementos positivos a esta experiencia, ya que si vemos al adulto que es significativo para el niño llorar, con tristeza o emocionado, eso será transmitido al niño, generando intranquilidad y que perciba el ambiente como inseguro.
Esto es lo que puse en práctica con mis dos hijos mayores. Si bien, se observa como algo simple y prácticos, son tips que nos pueden ayudar a resolver y contener ciertas situaciones que a veces pasamos por alto.
Ahora veamos cómo nos va con Magdalena, deséenme éxito esta semana!.

(Alguien podría haberme avisado de que ibas a crecer tan rápido)
Un abrazo.



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